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Sigur Rós: sin ataduras
por Agustín Gómez Cascales en Shangay
SU RELEVANCIA ES SIMILAR A LA DE OTROS FENOMENOS MUSICALES IMPORTADOS
DE ISLANDIA (BJÖRK, GUS GUS, múm). CADA VEZ MAS ENSIMISMADOS
EN SU UNIVERSO, IGUR RÓS SE DESPRENDEN DE CUALQUIER ATADURA TERRENAL
CON SU NUEVO DISCO, EN EL QUE SIGUEN UTILIZANDO UN IDIOMA PROPIO CONOCIDO
COMO HOPELANDIC, PERO PRESCINDEN DE TITULOS TANTO PARA LAS CANCIONES
COMO PARA EL ALBUM. SI ESTE SE IDENTIFICA CON UNOS PARENTESIS NO ES
POR CASUALIDAD: LO QUE SE INCLUYA ENTRE ELLOS DEBES APORTARLO TU
A pesar de ejercer de supuesto líder del grupo, Jónsi
Birgisson (27 años) es un claro ejemplo de anti-estrella. Le
precede la fama de tremendamente reservado, aunque durante su encuentro
con Shangay express derrumbó ese mito. No porque nos lo encontrásemos
tumbado en la cama de la habitación del hotel se había
quedado medio dormido, la intensa gira de promoción le tenía
agotado, sino porque, una vez le das pie, demostró que se
suelta. Al contrario que otros muchos artistas gays, Jónsi encuentra
liberador y, sobre todo, divertido hablar de su homosexualidad.
Uno, que es muy profesional, intentaba sonsacarle secretos sobre su
nuevo álbum, porque responde al enigmático título
de (). En esos momentos Jónsi se retorcía sobre sí
mismo, lucía un catálogo de tics sorprendente, su ojo
de cristal se desviaba en cualquier dirección posible. Sigur
Rós quieren que su emocional música hable por sí
misma, y lo cierto es que lo hace. De manera que cuando Jónsi
vio que la entrevista se podía desviar hacia terrenos más
personales, la incomodidad se esfumó. Por una vez, formular determinadas
preguntas no me hicieron sentir como aspirante a experto del corazón.
Al fin y al cabo Jónsi afirma que para componer se nutre de sus
sentimientos y anhelos más íntimos. y éstos no
tienen por qué limitarse a lo intenso.
SHANGAY EXPRESS: ¿Serías capaz de verbalizar las principales
diferencias entre vuestro anterior álbum y éste?
JÓNSI BIRGISSON: El anterior era más dulce, mientras
que éste es más crudo. Tiene dos partes bastante diferenciadas.
Las últimas canciones que compusimos son más reposadas
y experimentales, y son las que abren el álbum. Cogimos un sampler
y nos pusimos a manipular los sonidos de todos los instrumentos, incluida
mi voz. Las canciones que cierran el disco son las más antiguas,
y tienen una rabia contenida muy fuerte. Como las grabamos directamente
metidos en el estudio todos juntos nos salieron más directas.
S.E: Teniendo en cuenta lo abstracto de las estructuras compositivas
que utilizáis, ¿cómo tenéis claro cuando
está acabada una canción?
J.B: No sabría explicarlo. De repente tenemos la sensación
de que el círculo se ha cerrado y ya está. Pero siempre
es después de un período muy largo. Todos nuestros temas
nacen de improvisaciones, y poco a poco van tomando forma. La verdad
es que hasta ahora nos han salido siempre canciones largas, pero pienso
que el futuro seremos capaces de hacerlas más cortas.
S.E: ¿Más cercanas al pop convencional?
J.B: Eso es. Pero, aunque a mí me gusta el pop, veo imposible
que hagamos canciones pop. Quizá porque no somos muy buenos músicos
[risas].
S.E: ¿Qué tipo de pop te gusta?
J.B: Canciones sueltas. Una de mis favoritas de los últimos
tiempos es deeste cantante español..., muy mono... Enrique Iglesias
[explota a reír]. No puedo remediarlo, tengo especial debilidad
por el pop hortera, cuanto más ridículo e imposible, más
gracia me hace. Es la música que me gusta oír cuando voy
a sitios gays. En el único club de ambiente que hay en Rejkiavik
siempre ponen eurodisco hortera, y me encanta.
S.E: ¿No te da miedo arruinar tu reputación al hacer
públicas este tipo de debilidades?
J.B: ¡No! En Islandia es de dominio público que me muevo
por el ambiente gay, y como hay tan pocos sitios donde ir siempre somos
los mismos, nos conocemos todos. Es un fastidio.
S.E: ¿Te divierte haberte convertido en una especie de celebridad
indie-gay?
J.B: Está bien. Me encanta que me entrevisten para medios gays,
porque la música suele ser un tema de conversación secundario,
lo cual me parece ideal [risas]. Odio hablar sobre nuestra música;
prefiero mil veces que me pregunten por la decoración de mi piso.
S.E: Entonces cambiaremos de rumbo. ¿Qué tal va tu vida
amorosa?
J.B: Fatal. Muy mal. Hace más de un año que no salgo
con nadie. En Islandia se me hace muy difícil conocer a chicos
que me gusten, porque el 90% de la población gay responde a los
estereotipos habituales, que a mí no me ponen ada. Y cuando vamos
de gira conozco a gente encantadora, pero jamás me encuentro
con groupies que me acosen después de un concierto.
S.E: Quizá por miedo a arruinarte el trance que pareces experimentar
cuando tocáis...
J.B: Es que durante los conciertos cierro los ojos y me concentro en
la úsica. No es que viva una experiencia sobrenatural, pero sí
siento la energía que me transmite el público. Es algo
increíble, aunque también resulta agotador. Mi gran sueño
es llegar a levitar algún día sobre el escenario mientras
tocamos.
S.E: ¿Te basta con la música para alcanzar otros envidiables
estados de conciencia?
J.B: Sí. Nosotros no podríamos componer colocados. Y
no creo que la creatividad de un artista que se droga pueda durar, porque
las drogas absorben demasiada energía. Tampoco asocio el consumo
de drogas a las salidas nocturnas, al menos en Islandia. Incluso en
el ambiente gay es difícil conseguir otra cosa que no sean poppers,
así que nos emborrachamos a muerte y punto. Yo suelo probarlo
todo, pero hasta ahora no he encontrado ninguna droga que me siente
realmente bien.
S.E: ¿Cómo lleva el resto del grupo que seas gay?
J.B: Bien. Es un tema del que nunca hemos hablado, es una aspecto
de mi vida que aceptan con naturalidad. Yo cada vez estoy más
suelto, y si veo un chico mono lo digo delante de ellos y no pasa nada.
Que es como debería ser. Ser gay no deja de ser extraño,
porque te obliga a replantearte la sociedad que te rodea y a amoldarte
a muchísimos convencionalismos establecidos que para ti son incómodos.
NO HAY PALABRAS
S.E: Como grupo os habéis revelado frente a lugares comunes
de cara al lanzamiento de un disco. ¿Por qué decidisteis
que ni el álbum ni las canciones iban a tener título?
J.B: Fue algo que nos planteamos tras editar Agaetis Byrjun, porque
lepusimos un título islandés que solamente iban a entender
unas trescientas mil personas. Nos da la impresión de que utilizar
un idioma de uso tan limitado le impide a mucha gente reaccionar ante
tu música de una manera natural. Al fin y al cabo yo no utilizo
palabras cuando compongo canciones, sino melodías que desembocan
en palabras formadas a base de sonidos, no de significados. Al final
decidimos que fuese un paréntesis el que representase nuestro
nuevo disco; nos parece precioso que cada persona que escuche el disco
rellene el espacio entre los paréntesis según le parezca,
que escriba sus letras para las canciones si quiere. Pretendemos que
sea la gente la que termine el disco a partir de sus propias experiencias,
que interactúe con nosotros.
S.E: A pesar de que utilizas un idioma inventado, ¿tienen tus
letras un significado definido?
J.B: No. Lo cual no significa que improvise cada vez que canto las
canciones. Siempre me vienen exactamente los mismos sonidos cuando las
interpreto; las letras, aunque no tengan un referente real, están
fijadas. Supongo que la ausencia de significado real tiene que ver con
la capacidad de sugerencia de las canciones. Mucha gente nos dice que
les resultan muy visuales.
S.E: ¿Cómo reaccionasteis cuando os pidieron canciones
para Vanilla Sky?
J.B: Con escepticismo. Por no hablar de la decepción a posteriori,
porque la película es mala, muy mala. Nos invitaron al estreno
en Los Angeles y todo. ue raro, porque allí comprobé que
las estrellas de cine son más pequeñas al natural de lo
que parecen en la gran pantalla [risas]. Tom Cruise, Antonio Banderas...,
ninguno me llegaba ni al hombro. El único que daba la talla era
David Hasselhoff. Como experiencia aislada estuvo bien, pero no volveremos
a hacer algo parecido en la vida.
S.E: ¿No te deslumbra el fulgor de los famosos?
J.B: No, especialmente si no son personas a las que admire. Me resultó
absurdo el ceremonial por el que pasamos para que nos presentaran a
Tom Cruise, parecía que tuviésemos audiencia con el Papa.
El estaba rodeado de guardaespaldas, la multitud se mataba por intentar
tocarle... Cuando fuimos de gira por Estados Unidos la gente fue más
respetuosa con nosotros. Encantadores, pero sin mostrar esa euforia,
menos mal.
S.E: ¿Cómo te sentiste posando para el fotógrafo
neoyorquino Ryan McGinley, retratista cuasioficial del ambiente gay
neoyorquino más cool?
J.B: No fue nada especial. Le conocimos una vez que vino a Islandia
para hacernos unas fotos para la revista i-D, y nos hicimos amigos.
Cada vez que emos coincidido en Nueva York me ha hecho fotos, pero siempre
de una manera casual. No es algo que me ocurra a menudo, porque ni conocemos
a tantos artistas internacionales ni me he encontrado con tanta gente
que quiera etratarme si no es para la promoción del grupo.
S.E: ¿Te sorprende la noción que se tiene de los islandeses
fuera de vuestras fronteras?
J.B: Gracias sobre todo a Björk se piensa que en Islandia tenemos
un sentido rtístico muy desarrollado, y es cierto. Al ser un
país tan pequeño con un clima tan especial, si no nos
refugiásemos en nuestra creatividad nos volveríamos locos.
Yo empecé a tocar la guitarra a los trece años, me pasaba
las tardes encerrado en mi habitación componiendo canciones.
Era una vía de scape frente a los problemas que me planteaba
mi sexualidad. Porque hasta los veinte años no me enfrenté
del todo al hecho de ser gay, que fue cuando sentí que necesitaba
urgentemente tener contacto físico con otros chicos.
S.E: ¿Por qué te decantaste por la música como
medio de expresión?
J.B: Porque fluye con facilidad a mi alrededor, a través mío.
Crear música es mi misión en esta vida; cuando escucho
una canción terminada me siento completo. Tengo un proyecto paralelo
en solitario, Frákkur, más electrónico, pero de
momento no me planteo darlo a conocer. Prefiero centrarme en Sigur Rós;
tenemos que seguir mejorando, la perfección queda todavía
muy lejos.

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