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Takk...
El próximo 12 de septiembre EMI Records lanzará
'Takk...', el cuarto álbum de Sigur Rós. Escrito, interpretado
y producido por el grupo (junto con el coproductor Ken Thomas) en su
estudio de Álafoss, Islandia, 'Takk...' es el álbum que
justifica todo lo que alguna vez se ha dicho sobre este excepcional
grupo.
Enorme e íntimo, orquestal y ligero, ricamente estructurado
y esencialmente simple, 'Takk...' es el trabajo de una banda que se
mueve en lo más alto de su carrera. Con él logran lo que
tal vez no han hecho desde su primera aparición: que las ideas
trascendentes suenen bien con música pop o, dicho de otro modo,
dotar a la música pop de un sentido mágico perdido hace
mucho en las brumas del tiempo y la imaginación (lo que no significa
que suenen como esa música que vuelve en los musicales míticos
en pleno apogeo hoy en día).
'Takk...' parece moverse tan lejos de los confines de todo lo demás
que las comparaciones resultan redundantes. Que el grupo no iba a quedarse
en una clasificación limitada estaba claro desde el principio.
Pero que pudieran ser capaces de tener tanta creatividad en este nivel
de libertad e imaginación era mucho más de lo que cualquiera
de nosotros podría esperar. 'Takk...' es un clásico inmediato,
y es bastante posible que se convierta en la obra maestra de Sigur Rós.
"No hay nada inteligente en Sigur Rós ni en el modo en
que escribimos las canciones, se trata simplemente de juguetear con
la realidad. Todo es muy spontant (sic)", afirma el componente
del grupo Kjartan Sveinsson, aunque muchos músicos podrían
juguetear durante siglos y nunca conseguirían nada que se aproxime
ni de lejos a 'Takk...'.
Con una duración de 65 minutos estructurada en 11 piezas encadenadas,
'Takk...' se gestó relativamente rápido (en términos
de Sigur Rós), ya que la grabación empezó en diciembre
pasado y los arreglos se han terminado en junio. El orden de los temas
se decidió por sí mismo durante la primavera, quedándose,
como es natural, muchas canciones por el camino a medida que el álbum
iba tomando forma.
El grupo suspendió deliberadamente sus actuaciones en directo
hace dos años, para asegurarse de que todo lo que escribieran
para el álbum permaneciera fresco en sus mentes. Por ello, sólo
dos de las canciones de 'Takk...' han sido oídas en conciertos
(antes de la gira europea que actualmente está haciendo el grupo),
y las restantes nueve despegan en una multitud de nuevas direcciones,
sólo insinuadas en los anteriores trabajos de la banda.
Las ideas se desatan libremente en todas las direcciones, y mientras
que antes el grupo trabajaba en un concepto hasta su conclusión
total (interpretando y desarrollando una canción de la forma
más lenta posible, lo que era el origen de miles de metáforas
'glaciales'), ahora discurren entre las ideas sin prestarles demasiada
consideración. Las canciones empiezan en un compás y terminan
en otro, transformándose más allá de lo reconocible
mientras fluyen. Un bello tema de piano queda sometido por unos poderosos
acordes, que a su vez sucumben ante la calma celestial tras una tormenta
introducida por las cuerdas.
A pesar de lo dicho, Sigur Rós puede, no obstante, tardar un
tiempo increíblemente largo en ir al grano. Las oscilantes cuerdas
y el distante piano de 'Milano' son como esperar que Omar Shariff aparezca
en el horizonte en Lawrence de Arabia, mientras que la orquestación
que aparece al final de 'Andvari' cambia casi imperceptiblemente en
su viaje hacia su momento cumbre.
En todas partes, 'Takk...' está literalmente envuelto de música,
hasta tal punto que el oyente se pregunta cómo se las ha ingeniado
la banda para mantener el espacio, la claridad y la separación
del sonido. La escalada de 'Svo Hljott' es vertiginosa y desorientadora,
mientras que 'Glosoli' muestra la explosión atronadora de al
menos tres bombos, antes de llevarnos a lo más alto de la canción
con una guitarra que continúa subiendo mucho después de
que el oyente piense que ya debe de haber alcanzado su cenit.
'Takk...' es, según el propio grupo (con su particular sentido
del humor islandés), un "disco de rock'n'roll", y,
ciertamente, en algunos momentos, suena alto y rápido, pero pocos
tópicos del género quedan intactos tras el paso de Sigur
Rós. De hecho, al escuchar 'Takk...' no son imágenes de
rebelión o de degradación de libro lo que vienen a la
mente, sino más bien la sensación de que la música
te deja limpio. Incluso cuando tocan rock, de Sigur Rós se desprende
una clara nota de, si así se puede decir, santidad; y al final
del disco, el sentimiento predominante es el de paz.
Sigur Ros ocupa un lugar único en el corazón y en las
colecciones de discos de sus cómplices desde 1999, cuando su
segundo álbum, 'Ágætis Byrjun', fue descubierto
fuera de Islandia para convertirse en un gran éxito mundial gracias
al boca a boca, vendiendo casi 600.000 copias en todo el mundo.
Descrito en ese momento por Q Magazine como "el último
gran álbum del siglo XX" (y votado como el Mejor Álbum
del Siglo en su país), la belleza extraña y desconocida
de 'Ágætis Byrjun' pareció llenar un vacío
emocional de cuya existencia nadie se había percatado hasta entonces.
Y, de repente, cuatro chicos de Reikiavik, de apenas veintipocos años,
fueron barridos por una marea de elogios, oportunidades y expectativas,
que constituía quizás la antítesis del ambiente
en el que se habían creado.
No sin razón, la banda reaccionó hundiéndose más
en el underground. En el periodo comprendido entre la aparición
de 'Ágætis Byrjun' en Islandia y su lanzamiento final en
Japón, casi tres años después, el grupo viajó
incesantemente, evitando el aburrimiento de tocar siempre el mismo álbum
probando sobre la marcha material nuevo, incluso hasta casi destruirlo,
de forma que cuando volvieron a grabar el siguiente disco ya estaban
de hecho familiarizados con las canciones.
La grabación del álbum resultante, sin más título
que '( )',fue toda una batalla, con el grupo dedicado a la caza de versiones
míticas en vivo de su material inédito, con un propósito
que no iba mucho más allá de conseguir que las cosas estuvieran
hechas y limpias de polvo mientras bregaban con su estudio con piscina
recién construido a las afueras de Reykiavik. Si 'Agaetis Byrjun'
estaba inundado de luz y, algunas veces, de una esperanza casi propia
del mundo Disney, '( )' resultó, en su mayor parte, un viaje
de bajada por un largo túnel oscuro, con la única compañía
de una vela oscilante.
Sin embargo, '( )', cuyas canciones tampoco tienen título, la
mejor manera de centrar la atención en la música, fue
muy bien recibido desde su lanzamiento en octubre de 2002, y todavía
hoy sigue siendo un soberbio testimonio de hasta dónde puede
llevar un puñado de gente independiente una idea dolorosamente
anti-comercial si se empeña en ello. '( )' es un trabajo mordaz
y poderoso que, al igual que su predecesor, lleva vendidas aproximadamente
600.000 copias.
Durante todo este tiempo, la fama del grupo continuó creciendo
de forma natural, atrayendo lentamente a todo tipo de gente a su deliberada
falta de significado o de programa. Si la música se saca de un
contexto lírico, su resonancia emocional puede ser libremente
interpretada por el oyente, con independencia de sus deseos. Esto significa
que Sigur Rós puede significar, y de hecho significa, nada y
todo. Es lo que podría llamarse dar un largo rodeo.
Fue en este contexto en el que Sigur Rós empezó a tantear
la grabación del álbum ahora llamado 'Takk...'. Y las
cartas ordenaban un replanteamiento completo. Así que en el verano
de 2003 se acabaron las giras, el grupo se retiró tras dar unos
conciertos triunfales en Glastonbury y Roskilde, y desde entonces el
énfasis se puso en, bien, en no poner énfasis en nada.
La banda empezó a engullir proyectos paralelos (desde la publicación
de '( )', los componentes de Sigur Ros han estado involucrados, como
banda o individualmente, en al menos 13 actividades extracurriculares,
como componer música para la Compañía de Danza
de Merce Cunningham, o para el Ballet Real de Dinamarca; componer e
interpretar la obra orquestal de 70 minutos de duración titulada
'Odin's Raven Magic'; poner la banda sonora a un par de películas
independientes, probar proyectos individuales; trabajar con jóvenes
artistas islandeses y producirlos; y algunas veces simplemente aparecer
por ahí), y a tomarse tiempo para recargar baterías. Si
Sigur Rós iban a superar la norma de las bandas islandesas de
publicar únicamente tres álbumes, podían igualmente
hacer que valiera la pena la espera de su siguiente álbum.
Y creo que podemos decir con seguridad: 'Takk...': misión cumplida.

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